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Pibe, ¿qué tenés que hacer el domingo?
A los 16 años, Javier Saviola le sumó dos yapas al sueño de
debutar: fue la figura e hizo un golazo. Con Boca en la mira, a Ramón le salió una que no tenía en los planes.
SAN SALVADOR DE JUJUY (ENVIADO ESPECIAL). A
esta altura el sueño del pibe estará trillado, pero no por eso se lo deja
de disfrutar. Bien lo puede decir Javier Saviola. Durante tres días vivió
en una nube. El viernes se quedó con la boca abierta cuando vio su nombre
en la lista de los que iban a viajar a Jujuy. Ayer se sumó a una lista de
ilustres del club que debutó en Primera a los 16 años . Y terminó por
sentirse Javier en el País de las Maravillas con un golazo y siendo la
figura. Por supuesto, el chico no encontró después palabras para
autodescribirse: "Cuando metí el gol, no lo podía creer. Ya estaba
satisfecho por haber entrado (por Castillo). Me acordé de mi familia".
Si fuera por él, aún estaría festejando tirado en el pasto.
Así como ayer fue rápido para mostrar sus garras, la historia de Saviola
en River también tiene dos casos de amor a primera vista. El primero fue el
de José Curti, quien lo probó hace tres años y a los 10 minutos de verlo
le dijo que se quedaba. El otro es el del mismísimo Ramón Díaz, quien
tampoco necesitó más de 10 minutos para decirles a Marcovich y Rodríguez,
los técnicos de la Reserva: "A éste tráiganmelo siempre". Por
eso se entendió que ayer se palmeara el pecho hablando de su nuevo pollo:
"Lo del pibito fue espectacular. Ni yo pude debutar con un gol. Tiene
un futuro enorme".
Saviola mismo le dio las razones al Pelado. Nunca transmitió el peso del
debut, jamás dejó de rotar y de encarar -aun contra rivales que lo
superaban mucho en altura, como Arzubialde- y demostró su clase en una
jugada que no fue gol por milímetros: bajó con zurda un pelotazo de Netto
y su cachetada de derecha, su pierna más hábil, se fue al lado del palo.
Iba a ser el 3 a 1 para River, pero igual ya estaba perdonado. Por el juego
que había mostrado y por su toque preciso en el gol, después de que se la
bajara Angel.
"Todos me apoyaron y eso me dio tranquilidad", dijo el chico con
una sonrisa y voz bajita con tonada porteña. Después se fue para el micro
y Ramón, aunque guardó a Pizzi para el superclásico, le habrá preguntado:
"Pibe, ¿qué tenés que hacer el domingo".
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