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7 de oro


En uno de los peores momentos del equipo, cuando Bonano lo estaba parando al Lobo, un golazo del Pibito le dio el pase a la Copa del 2000 y algo de paz al técnico.

Ramón lo vio para jugarlo. Goyo para contraatacarlo. Pero el Lobo ligó fuerte de entrada y puso las cartas sobre la mesa. Pedrito Troglio ganó el primer poroto con un desborde que se lo robó a Caniggia de cuando juntos hacían los primeros palotes. Y Chirola Romero cantó el envido con una chilena hermosa que se coló en el ángulo.olpe de efecto contundente. Gimnasia le mojó la oreja a River, que entró en pánico pero decidió rápido que así no podía seguir. Varios quisieron convertirse en patrones y el que tuvo más para hacerlo fue Astrada. El Negro iba de acá para allá, corriendo la cancha transversalmente, ocupando todos los agujeros libres. Que eran escasos porque Gimnasia se convirtió en un acordeón que chillaba cuando lo apretaban: buscaba la pelota para salir, pero no la encontraba y todo el mundo metía la cola bien atrás.

Ramón pedía a los gritos que abrieran la cancha. Goyo juntaba las manos exigiendo que los suyos armaran un embudo.

Había electricidad en la noche. La cancha rugía. La gente del Lobo era más que la del Millo, pero empataban en el aliento. Abajo se daban duro. Saviola iba a chocar y, cuando podía, la cuidaba. Angel se mató chocando y bajando a auxiliar. Pablito Aimar las pidió todas, pero no pudo agarrar la manija. Le faltó la claridad conceptual que, sin vocación de líder, tuvo Gancedo: el Pipa usó la puntita del botín para tocar y abrir los claros. A River le costó. Gimnasia miraba el reloj y le ponía cemento a la muralla. Había que pasarla por arriba. Y Pablito inventó una folha seca de los años 70, al borde del fin de siglo y del área. Gozó el ángulo porque la pelota lo besó.

Ramón levantaba las manos pidiendo más. Goyo las bajaba implorando calma.

Astrada sentía que se bastaba solito y lo mandaba a Pereyra a que fuera puntero. Este equipo de River que arrancó con apenas tres titulares de los que iniciaron el torneo sintió en la piel que era su momento. ¿Cómo aprovecharlo? Nunca mejor que con fútbol, con talento, con velocidad, con toque. Tuvo ángel, porque el colombiano Angel cerró una jugada de novela, de tiqui tiqui en una baldosa, rápida como el rayo, precisa y contundente. River lo perdía a los 3, lo dio vuelta en 4. River había puesto en la mesa el ancho de espada para asegurarse la primera, que siempre vale doble.

Ramón jamás se corrió un centímetro de la raya, pero ya lo miraba de brazos cruzados. Goyo se había sacado el piloto: debía entrar en calor a la fuerza.

¿River se dedicó a jugar la mano guardándose las barajas bravas para la definición? ¿Gimnasia decidió jugarse el resto? Por lo pronto el Lobo cantó retruco: siempre Troglio era el pie, las pedía todas y metía quinta para armar un desparramo en cada centro que volvía locos a los centrales de River. Berizzo sentía el síndrome Palermo y, como en el primero de Gimnasia, jamás podía anticipar a Reggi o a Romero, que se turnaban para entrar como trombas. Messera se movió cerca del medio y distribuyó. Astrada le ordenó a Pereyra que no le hiciera de bis y no se moviera de su costadito. River había perdido la pelota. Tenía un siete bravo en Bonano que empardó el tercer pica-pica. Pero el otro as estaba en el botín de Pedro: le dio bien de abajo, le dio una caricia para que Sava pusiera las cosas como al principio.

Ramón sintió que el final estaba abierto. Goyo también.

Pero en el tapete estaban todas las cartas. Puso fuerte Gimnasia. Redobló la apuesta River. El fútbol iba y venía. El partido se hizo largo. Los arcos temblaban, la cancha estallaba. No había espacio para el cansancio, el ritmo tapaba todo. Quedaron dos cartas. Bonano se la sacó con la punta del botín a Romero. Pero otra vez se juntaron los pibitos de River. Otra vez la agarró Aimar con el alma y se la puso a Saviola: arrancó como si fuera el lomo de un gigante, se metió en el área como una topadora, le pegó de izquierda como los que saben. Ahí, recién en ese momento, Boca empezó a entender que su rival de la Libertadores 2000 será un viejo conocido.oyo, su Gimnasia, intentó lo que no se puede sin cartas ganadoras: ya no estaba Troglio en la cancha. Ramón, su River, tenía el 7 de oro. Y se llevó el vale cuatro. Se llevó el partido. Se dio una comilona que hacía largo rato no saboreaba. Se metió en la Copa.
 







 
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