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El pibe de oro se fue a Las Vegas para
seguir con el juego


Ayer viajó a Las Vegas. Dice que va por la revancha. En el verano no lo dejaron entrar al casino de Mar del Plata porque tiene 17 años.

En la pared del living de la modesta pero cálida casa de la calle Dragones, en pleno Bajo Belgrano, cuelga como el más preciado de los tesoros una camiseta de River con el número 27, la que Javier Saviola se calzó el día del debut en Primera, el 18 de octubre del 98 ante Gimnasia de Jujuy. También, varios cuadros con fotografías futboleras, casi todas de la época en que el chiquilín era mucho más chiquilín de lo que hoy es, cuando soñaba con lo que hoy disfruta. Una foto de Saviola con Ariel Ortega. Otra más con el Burrito. Y otra con Enzo Francescoli. Y otra con Matías Almeyda. Hay banderines, además. Todos de Excursionistas, otro gran amor del pibe de 17 años que vive salvando al River de Ramón Díaz, del mismo pibe que el domingo clavó la igualdad contra Colón para asegurar el pasaporte al desempate por la Copa, del mismo pibe que el jueves estampó el 3 a 2 definitivo con Gimnasia que significó la clasificación a la Libertadores del 2000.

Es un día de notas, de prensa, para Javier Saviola. Falta una hora para la salida al Aeropuerto de Ezeiza, donde abordará un avión que lo dejará en la capital mundial del juego, en Las Vegas. Falta una hora para que vuele hacia sus vacaciones. "Ya lo estoy empezando a extrañar. Y también él a nosotros. Recién me dijo: Mami, venite conmigo. Es amoroso", dice María Antonia, la mamá del salvador de River, mientras su nene va concluyendo un reportaje. Papá Roberto Antonio, a la vez, afirma que no le preocupa que su hijo adolescente corra a toda velocidad por un mundo cargado de tentaciones, de dólares y de presiones: "Javier no cambió en nada. Tiene los mismos amigos y hace lo de siempre. Es muy claro de acá arriba", cuenta señalándose la cabeza con el dedo índice de la mano derecha. Las frases con los padres de Saviola van y vienen. Hasta que el nene se acerca, se sienta en un sillón y se dispone a arrancar el mano a mano con Clarín. Eso sí, antes un minidiálogo entre mamá y el futbolista argentino de mayor proyección: -¿Javier, te preparo la leche? -No mamá, no.

-­Cómo no! Tenés que tomar algo antes de salir para Ezeiza.

Las palabras de uno y de otro suenan tiernas. Al final, arranca la charla y pasan cinco minutos. "La humildad es lo primordial. Por más bueno que sea, un jugador sin humildad no sirve para nada", redondea Saviola justo cuando vuelve a escena María Antonia. Y vuelve con un vaso rojo con la inscripción Coca-Cola en blanco. Vuelve con la leche que Javier comienza a beber ansioso. Mientras tanto, Saviola acepta una propuesta: escuchar un par de palabras y hablar sobre ellas.

DINERO. "Se lo doy a mi familia para que la tenga. Sé que mis padres lo van a guardar bien. Por ahora la plata no me preocupa. Pienso sólo en jugar. Pero sé que una buena posición económica me puede asegurar una vida muy tranquila".

FAMA. "Juega un papel importante en cada jugador. Pero yo soy el de siempre". Sigue: "Se me acerca gente que no conozco y me da consejos que no tienen nada que ver. Muchos quieren llevarme a bailar más seguido, sacarme más de casa".

-¿Te quieren llevar a "la noche"? -Claro, eso quieren. Pero yo sé muy bien qué tengo que hacer. Sigo con los amigos de siempre y con mi familia.

También se refiere a lo suyo, a la pelota. Dice de gambetas: "Me encanta escuchar a la gente gritando ole, ole. Eso es impagable. La sensación, cuando encarás y dejás un rival atrás, es muy linda". Dice de caños, sombreros y goles: "Yo quiero las tres cosas. Salgo a la cancha pensando en todo eso. Pero son cosas distintas, eh. Vos tirás un caño y se olvida rápido; en cambio, el gol queda marcado". Dice del área rival: "Ahí estoy protegido. Es el lugar de la cancha en que me siento más cómodo". Dice de su importancia en River: "Tengo la influencia de cualquier jugador. En River no hay titulares ni suplentes".

-Ya te pusiste el casete. -No, en serio, lo que quiero decir es que uno tiene que mentalizarse así, porque en River, por las exigencias que hay, tenés que jugar todos los partidos bien.

A las 17.50, para de decir. Es la hora de cargar las valijas en el Peugeot 206 que les regaló a sus padres. Es la hora de partir hacia Ezeiza para abordar el avión que lo dejará en Las Vegas. "Me voy con mis tíos", aclara Saviola hijo. "Va bien cuidado", agrega Saviola padre. "Voy por la revancha", bromea el salvador de River.

-¿Revancha? -Sí, porque en el verano, en Mar del Plata, fui al casino con Garcé, Damián Alvarez y Guillermo Pereyra. Pero no pude entrar. El tipo de la puerta me dijo: "Saviola, usted no pasa. Tiene 17 años". Y nos volvimos todos (se ríe con ganas).

Se va Javier Saviola. Se fue Javier Saviola. De vacaciones, claro. Ya debe estar extrañando la leche preparada por mamá...

 







 
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