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"Vamos a ser los campeones"
Javier Saviola se mostró confiado en el futuro de River después del
contundente debut frente a Instituto.
Aunque su fama está por las nubes, Javier Saviola mantiene los pies sobre la tierra. Acepta la
propuesta de compartir una tarde con La Nación después de la siesta ocasional. Apenas sale
de su casa de Belgrano, una voz anónima lo saluda desde la esquina; él se ríe y se sonroja a
la vez. Sabe que ya es conocido y eso le gusta, aunque se siente apabullado por esa
posición. Claro, nada cambió en su personalidad desde que se transformó, a los 17 años, en
una de las apariciones futbolísticas más explosivas de los últimos tiempos.
"Es lindo que me saluden y que me conozcan por la calle, pero me da vergüenza. Una vez
fui a bailar con mis amigos y a los diez minutos había 50 personas coreando mi nombre; me
fui enseguida, no lo podía creer", recuerda mientras camina por los bosques de Palermo.
En todo caso, la culpa es suya: con actuaciones como la de anteanoche, cuando fue una de
las figuras en la contundente victoria por 4 a 1 ante Instituto en el debut de River en el
Apertura, el acoso va a ser mayor.
Una charla de café
Elige un bar cerca de la avenida Figueroa Alcorta. Abre la puerta y lo saludan efusivamente,
mientras le muestran las tapas de los diarios con sus fotos; él pide una gaseosa. Es el
momento para hablar de fútbol. "Sueño con ganar el título con River. Hay otros equipos que
darán pelea, pero yo pienso que vamos a ser los campeones de este torneo. Tenemos un
gran equipo y estamos muy confiados; este puede ser nuestro año", dice con los ojos brillosos.
Ya puso en claro las pretensiones y las ilusiones de River. Ahora explica por qué deberían
cumplirse sus premoniciones: "Hicimos la pretemporada con mucha ansiedad porque en la
primera parte del año nos quedó algo por ganar. Haber salido segundos de Boca no sirvió de
nada, porque nadie se va a a acordar de eso. Sabemos que tenemos que ir paso a paso y
queremos ser nosotros los que le impidamos obtener el tricampeonato a Boca; sería muy
importante para nosotros y para la gente".
Y agrega: "Quizá en los torneos anteriores había mucha más experiencia y los juveniles no
teníamos mucho lugar, en cambio ahora tenemos una mezcla exacta de juventud y
experiencia y en nuestro debut demostramos que nos vino bárbaro".
Escucha que Ramón Díaz lo reserva para los compromisos importantes; que es uno de los
jugadores más desequilibrantes de River; que es titular indiscutido; que ya se ganó a la
gente... Nada le importa: "No me siento una pieza importante dentro del equipo, soy uno
más dentro de la cancha. Todos somos importantes y cada uno tiene una responsabilidad.
Los más chicos nos apoyamos en los consejos de Astrada (su compañero de concentración) y
de Trotta. Ellos sí son muy importantes".
Apura la gaseosa de un sorbo, saluda al dueño del bar y se va. La caminata sigue. "Nunca
me voy a mudar de acá. Nosotros somos humildes y no pensamos irnos de nuestra casa. Por
eso la estamos reformando."
La pregunta, entonces, es inevitable: ¿qué hace con el dinero que gana en estos días? "Toda
la plata se la doy a mis padres, porque ellos me dieron todo. Mi papá (Roberto) es un
ejemplo para mí. Cualquier otro padre que tenga un hijo jugando en primera hubiera dejado
de trabajar; mi viejo es maestro mayor de obras y sigue trabajando como el primer día".
Javier también sigue igual. Parece mentira que este chico que le pierde el respeto a
cualquiera dentro de una cancha, todavía pida permiso para irse a dormir a la casa de algún
amigo. "Para hablar de cualquier cosa, menos de fútbol", dice.
Se acerca la hora de la visita al hospital Garrahan. Apura el paso, pero es en vano; unos
chicos, que un rato antes jugaron un picado, lo reconocen y le gritan: "Hay que ganar el
campeonato". Saviola sonríe y se sonroja. Por lo bajo hace un comentario: "La verdad, sería
muy feo que Boca gane un tricampeonato.
Este torneo lo tenemos que ganar
nosotros"
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