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Una sociedad que crece
Pablo Aimar y Javier Saviola, con 19 y 17 años, marcaron el camino de
River
ROSARIO (De un enviado especial).- En medio de las urgencias en las que está sumergido el
superprofesionalizado fútbol de nuestros días, Pablo Aimar y Javier Saviola se visten para
salir a escena; sus pequeños físicos de un metro setenta de altura se cubren con los colores de
River y sus mentes se concentran para disfrutar del lugar que se ganaron en la primera
división del club de Núñez, el lugar donde muchos quisieran estar.
Los hinchas de River esperan para verlos en acción y ellos, en cambio, aún se preparan para
salir a divertirse, a practicar el deporte que aman y que eligieron como profesión. Debido a
sus años, 19 (Aimar) y 17 (Saviola) , aún necesitan la autorización de sus padres para
abandonar el país, pero vaya qué paradoja: pese a su corta edad nadie les impiden ser los
dueños de las ilusiones exitistas de miles de hinchas que esperan de ellos las jugadas
diferentes que los hagan delirar.
Aimar y Saviola forman una sociedad que está en pleno crecimiento en River; una sociedad
de la que se espera mucho, tal vez más de la cuenta, y que es capaz de explotar con buen
juego y goles. Como ayer, en Rosario, donde los hinchas visitantes se abrazaron al festejo
gracias a sus conquistas.
Aimar mostró un repertorio completo, con lujos incluidos, pero a la salida del vestuario su
aparición en público no fue tan grata como en la cancha. Apenas dijo algunas frases de
compromiso y luego se marchó: "Fue difícil ganar acá. Lo merecimos, pero tengo que
reconocer que fue bastante complicado", se escuchó entre las ovaciones de los hinchas. Y
continuó: "Todos los partidos son importantes para pelear el campeonato, que va a ser muy
difícil".
Fiel a su estilo, la figura del partido no hizo referencia a su actuación; recibió varios saludos y
se marchó bajo el anonimato que ya no tiene y que tanto extraña.
A diferencia de su socio, Saviola es más ducho a la hora de enfrentarse con los micrófonos.
"Con Pablo nos entendemos bien y siento que esta sociedad que formamos está cada vez
mejor", dijo Saviola, que definió con categoría una jugada que había empezado con una
pisada de Aimar.
Su rostro de niño reflejaba la alegría por el triunfo y por el tanto que marcó. "Me encanta
hacer goles seguido y más aún si esos goles sirven para que River gane", dijo. Saviola
tampoco se va bajo el manto del anonimato y, como Aimar, fue ovacionado por los hinchas
mientras caminaba hacia el ómnibus.
Gracias a sus goles, River dejó esta ciudad con satisfacción; también gracias a ellos, los
hinchas alimentaban con fuerza la ilusión de pelear el título, con la misma fuerza con que
crece esta joven sociedad.
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