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Fútbol desde siempre
A los tres años Saviola empezó
a ver sus primeros partidos de fútbol ya
que su padre y su tío lo llevaban cada
quince días a ver a Excursionistas. Años
más tarde, sus padres le contaron que no
se podían creer la actitud que entonces
tenía sentado en las tribunas de la
cancha. Estaban sorprendidos cuando
veían que se quedaba quieto, callado,
mirando a la pelota y prestando mucha
atención a lo que pasaba en el
encuentro. Una vez hasta fue su madre a
la cancha porque no creía que a esa edad
pudiera estar sentado, sin levantarse,
sin estar corriendo por las tribunas
como la mayoría de los chicos. Javi, sin
embargo, no era conciente de esa
diferencia con el resto porque
disfrutaba viendo a ese equipo y en
especial a su delantero, Guillermo
Szeszurak, 'El Búfalo'. Fue su primer
ídolo. Años más tarde, cuando cumplió
los veinte ya en Barcelona, Saviola
recibió una camiseta de Excursionistas
firmada por él. Fue un regalo especial
que guarda en su habitación.
Persona 'non grata'
En el barrio de Saviola había una gran
rivalidad, la gente estaba dividida en
dos bandos: los de Excursionistas y los
de Defensores de Belgrano, ambos jugaban
en la categoría C, que vendría a ser una
cuarta división en España. La cancha de
los primeros estaba más cerca de la casa
de Javier, así que era lógico que él
fuera hincha de Excursionistas. Además
Cacho era un apasionado de este equipo.
La rivalidad, pues, era tan grande que
una vez, estando en River, Saviola
reconoció públicamente que simpatizaba
por Excursionistas y a la gente de
Defensores no le gustó el detalle. Y ese
club lo declaró persona 'non grata'
El partido de fin de año
No le interesaba perder el tiempo
en fiestas rutinarias como la de
fin de año. Esa noche, a las
doce, Javier salía con prisa de
casa para reunirse con la
pandilla en el parque y jugar el
primer partido del año. Eran
unos diez pibes, Javi y Corrales
con unos cinco años menos que
los demás. Pero eso no
importaba, al contrario, el hecho
de estar menos hecho físicamente
que el resto, de ser el más
pequeño y de sus evidentes
cualidades futbolísticas,
despertaron el instinto protector
del grupo. Javi era intocable. Una
de sus primeras profesoras,
Andrea Battaglia, del colegio
Espíritu Santo, destaca el
dominio de la pelota y la
admiración que despertaba entre
sus compañeros a los
seis años: "Era increíble
como le atraía la pelota. No
podía estar sin jugar al
fútbol". "Sólo era
feliz con una pelota en los
pies", afirma Corrales.
¿Primer sueldo?
Cuando el pibito se inició en
Ateneo Colegiales, su tío Manolo le dijo
que le daría un peso por cada gol que
hiciera. Desde entonces empezó a embocar
todo. No es que fuera individualista,
pero pateaba al arco desde cualquier
posición. Metía muchos y al llegar a su
casa le tendía la mano a su tío. Le
decía los goles que había metido y él le
daba la plata. Llegó a meter tantos
goles que su tío tuvo que decir basta:
"¡Me vas a fundir!", replicó, y a partir
de ese momento Javi dejó de cobrar por
cada gol que metía. "¡Una lástima!",
dice.
Su
única lesión
Fue en el patio de su casa
donde Saviola se lastimó de cierta
gravedad. Era todavía un pibe y estaba
dándole a la pelota cuando se le fue un
poco. Intentó que la pelota no tocara el
suelo y, sin darse cuenta, le dio una
patada enorme a la canilla. Le quedó el
dedo negro. Fue la primera y única
lesión de su vida. Tuvieron que cuidarle
durante tiempo esa maldita herida.
Siendo lo peor, el dolor no era lo único
que lamentaba. Además tuvo que escuchar
la eterna canción de su abuela. "No
juegues ahí. Te vas a lastimar y me vas
a romper los rosales", decía fastidiada.
Desde entonces, Javi tuvo que darle la
razón.
Se
crece en los momentos difíciles
A Saviola siempre le han atraído los
desafíos, los grandes retos, y su
respuesta en momentos decisivos ha sido
inapelable, contundente. Hay muchos
ejemplos que muestran su carácter
ganador y la fe en él mismo. El día que
debutó con River lo hizo con un gol. El
día que podía ganar su primer título
como profesional, marcó dos. El día que
el vicepresidente de River, Alfredo
Davicce, lo criticó por haber salido en
los periódicos con la camiseta del
Barcelona, le respondió con dos goles en
el Monumental. El día que se hizo
pública la carta donde pedía a la
afición de River que lo dejara marchar a
Barcelona, hizo tres más con Argentina.
El día que se presentó con el Barcelona
marcó dos goles en los primeros 14
minutos. El día que jugó su primer
partido de titular tras la muerte de su
padre marcó un gol que le dedicó a
Cacho. Tras acudir a
un juicio en su contra de 6 horas, realizó un
partidazo, con gol incluido; y tras la
sentencia de éste, a su favor, lo mismo. Y se pueden encontrar incontables
situaciones más en que Saviola no se ha
escondido nunca en el momento decisivo.
Siempre ha dado la cara cuando ha sido
necesario.
'El
Pibito'
Tras su excelente debut, ya en el
vestuario, Javier fue felicitado por
Ramón Díaz y por los compañeros. El
técnico, poco amigo de los discursos, le
tocó la cabeza y le dijo: "Muy bien,
'pibe' ", y le permitió quedarse la
camiseta de recuerdo. En la rueda de
prensa, 'El Pelado' fue más explícito y
elogió a su nueva estrella. "El 'pibito'
estuvo espectacular. Ni yo pude
debutar con un gol. Tiene un enorme
futuro". Ajeno a todo esto, Saviola
acababa de ser bautizado para los años
posteriores como 'El Pibito'. La prensa
asumió como suya la definición de Ramón
Díaz.
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* Esta
información proviene del
primer libro de Saviola, "Un
petit gegant".
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