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"Es un conejo"
El primer aviso serio
sobre la dureza de la
Primera División se lo
dio un compañero de
equipo, el 'Mono' Burgos.
Bonano, que estaba
presente, lo relata así:
"En uno de sus
primeros entrenamientos,
Javier empezó a driblar
con la pelota. Nadie se
la podía quitar y cuando
llegó al límite del
área le saltó Burgos,
sin mirar la pelota ni
nada, y le clavó una
patada a la altura del
pecho. Javier, con cara
de miedo, se levantó.
Parecía asustado y no
entendía nada, pero
tampoco abrió la boca.
Sabiendo cómo es Burgos,
se lo tenía que tomar
como algo simpático,
aunque supongo que en el
momento a Javier no le
hizo demasiada
gracia."
El mismo Burgos tiene una
versión más próxima de
lo que pasó y por qué
lo bautizó como
'Conejo', sobrenombre que
le ha quedado para
siempre. "Empecé a
llamarlo así por su
tremenda rapidez, tanto
física como mental.
Muchas veces no sabes por
dónde te saldrá. Justo
empezaba con nosotros. Se
quedó solo delante mío,
pero la pelota era larga;
llegué primero y la
toqué hacia la
izquierda. Miré hacia el
lado y él no estaba,
pero de repente me
superó por fuera y
guapp, ya la tenía él.
Entonces me miró y
movió la cabecita de un
lado al otro. Dije:
"Es un conejo".
Cuando se me escapó le
clavé una patada. Así
nació el 'Conejo'
".
Javi empezaba a hacerse
notar entre los
profesionales. Ponía las
cosas en su sitio y
exigía respeto. No
tardó en ganárselo.
"Este
chico es una máquina"
Tras conseguir su primer
título, el Apertura'99,
la plantilla se dirigió
a los platós de
televisión. Pasaban las
horas y a las dos y media
de la madrugada, cuando
muchos aficionados aun
celebraban el campeonato
en la calle, Saviola
llegó a casa. Estaba
agotado y se fue a
dormir. "Al día
siguiente, a las siete y
media, lo pasé a buscar
porque a las ocho tenía
uno de los tres exámenes
pendientes, el de
geografía",
recuerda Cabrera
Brizuela. "Detuve el
coche frente a su casa y
me dije: si está
durmiendo lo dejaré. El
profesor ya entenderá la
ausencia". Brizuela
entró en la casa y
quedó fulminado. No se
podía creer lo que
veían sus ojos. Hasta se
asustó. Javier estaba
despierto, y estaba en la
cocina con su madre.
"¡Estudiando!".
Acababa de ser campeón y
pichichi con River, lo
comparaban con Maradona,
se había acostado tarde
y ya estaba ahí,
dispuesto a cumplir la promesa
que un día hizo a sus
padres. "En ese
momento me dije: este
chico es una
máquina". Se lo
llevó a la escuela, y
Javier hizo el examen y
aprobó.
El
mundo al revés
Tres días después de
ganar el Apertura'99, con
motivo de la entrega de
los premios Clarín,
donde Saviola fue
galardonado como jugador
revelación del año,
coincidió, por primera
vez, con "el mejor
jugador de la
historia", Maradona.
"¿Me darás una
camiseta tuya?", le
solicitó Diego frente a
la incredulidad de
Javier, a quien no le
entraba en la cabeza que
Maradona le pidiera eso.
"El mundo al
revés", pensó.
Después en el parking
aun más, Maradona le
pidió que se dejara
fotografiar con sus
hijas. Cuando Diego
enfermó y la Argentina
se convulsionó, Javi
decidió reactivar la
solicitud de meses antes.
Fue a visitarlo al
hospital y le dejó como
regalo la camiseta que
había utilizado la noche
anterior en la sub'23,
firmada y dedicada. Dos
días después, cuando la
salud de Maradona
mejoró, salió al
balcón para saludar a
los aficionados que aun
estaban esperando. Lo
hizo con la camiseta de
la selección, con la
firma de Saviola delante.
Al ver ese detalle por
televisión, Javier se
emocionó.
Tenía
que crecer
Tras el adiós de Ramón
Díaz, Américo Gallego
se hizo cargo del equipo.
El equipo se concentraba
los viernes por la noche
y comían juntos el
sábado. Sólo podían
comer carne. En la
parrilla había otros
productos como chorizos o
butifarras. Estos
derivados estaban
prohibidos porque eran
pesados de digerir antes
de un partido.
Sin embargo, el DT iba
donde estaba Javier y le
llevaba a escondidas un
trocito de chorizo.
"Tomá, chico. Te
doy un poco pero mañana
me tenés que hacer dos
goles, ¿eh?". Todos
los del equipo sabían
que lo hacía, pero nadie
dijo nada. Saviola
salvaba muchos partidos y
le permitían algunas
licencias.
'Rata'
"Al principio le
costó entrar en el grupo
y los veteranos le
empezaron a picar para
que se dejara ir. Lo
mirabas y estaba en un
rincón comiendo con esa
boquita tan chica.
Parecía una
ratita", explica
Bonano.
'Rata' fue precisamente
el primer sobrenombre de
Saviola. Se lo puso
Martha, la madre de
Alejandro Corrales, su
amigo de la infancia, que
tenía el pelo revuelto y
rizado. "Un día, de
chicos, Javier me llamó
'oveja'. Yo me puse a
llorar y se lo fui a
decir a mi madre. Ella se
rió.
"Contestale",
me dijo.
"¿Cómo?",
pregunté. "Decile
que si vos sos como una
oveja, él es como una
rata", y me fui
rápidamente donde había
dejado a Javi para
decírselo",
recuerda Alejandro.
'Leguisamo'
Leguisamo era el apodo
menos mediático de todos
los que tenía Javier,
pero uno de los más
utilizados en el
vestuario de River.
Leguisamo era un corredor
de caballos que gracias a
su ligera constitución
física y su escaso peso
acostumbraba a ganar
todas las competiciones.
Se había convertido en
el mejor jockey de la
Argentina, donde este
deporte es muy popular.
Javier tenía un aspecto
parecido al de Leguisamo
y los compañeros se lo
recordaban
constantemente.
"Mira, ya viene
Leguisamo", decían
los más veteranos cuando
lo veían venir. Javier
nunca se molestó por
estos sobrenombres, los
encajó sin rechistar, ya
que entiende que forman
parte de la
idiosincrasia de
Argentina, del fútbol de
ese país y de la vida de
cualquier niño. Es más,
todos tenían alguno.
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* Esta
información proviene del
primer libro de Saviola, "Un
petit gegant".
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