Origen y primeros
años |
Su inicio
en el fútbol: inferiores | El salto a Primera: River Plate
Ídolo en el Monumental |
Campeón mundial sub'20 |
Ficha por
el FC Barcelona |
Etapa azulgrana
Pibito
en Mónaco |
Campeón con el SevillaEl equipo de la
sexta categoría, donde estaba
Javier, tenía programado un
entrenamiento el viernes 9 de
octubre a las dos y media de la
tarde. Javier había ido a la
escuela por la mañana, había
comido, y se presentó como
siempre en el vestidor dispuesto
a ponerse las botas y a vestirse
de corto. Entonces Delém entró
en el vestuario. Señaló a
Saviola y a Damián Álvarez y
con tono amenazador dijo:
"Ustedes no se
cambien". Los chicos se
extrañaron, los compañeros no
entendían nada. Delém volvió a
abrir la boca para resolver el
misterio: "Ustedes entrenan
con el Primera". Y sonrió.
El vestuario fue una fiesta.
Saviola y Álvarez
recogieron las cosas y
abandonaron las instalaciones de
la Ciudad Deportiva
Universitario. Iniciaron un
camino que ya no tendría
retorno. La sesión empezaba a
las cuatro, así que no tenían
prisa. Pero corrieron, las
piernas les corrían solas por la
ilusión que tenían. No era
normal saltarse seis categorías
de golpe y encontrarse, de
repente, con esos jugadores que
habían admirado y animado desde
las gradas como aficionados o
como recogepelotas. "Ramón
Díaz me dijo, a través de su
ayudante, que necesitaba un
jugador de esas características,
un delantero y un volante. Miré
en la reserva, en la primera
categoría, la segunda, la
tercera... Y no había nada que
me llamara especialmente la
atención. No había demasiada
calidad. Hasta que en la sexta
encontré a Saviola y Álvarez.
Creí que podían responder y me
arriesgué. En River la edad no
es importante, nos centramos en
la calidad", dijo Delém.
Se ubicaron en el
vestidor y empezaron a aparecer
Burgos, Bonano, Hernán Díaz,
Astrada, Berti, Sorín, Pizzi...
y Ramón Díaz, que pasó sin
decir nada. Era normal tener a
dos o tres pibes de la cantera de
prueba. "El primer
entrenamiento me fue bastante
bien. Creo que hice uno o dos
goles en el partidillo",
recuerda Saviola. Explica Bonano
que "la primera cosa que nos
llamó la atención fue su
físico y su carita, tan aniñada,
tan angelical. Después nos
sorprendió su calidad, su olfato
de gol, su picardía. Realmente
fue una aparición, porque no
habíamos oído hablar de
él". Ramón Díaz lo
volvió a convocar. "Supongo
que la idea de Ramón no era la
de hacerlo debutar de forma
inmediata. Solía tener en el
equipo algunas promesas para que
se fueran haciendo y al cabo de
un año empezar a entrar en
convocatorias. Se había hecho
con Aimar, por ejemplo. Era lo
que se podía esperar de
Saviola", aclara Bonano.
Pero la suerte
volvió a sonreír a Javier. La
relación del técnico con Pizzi
dejaba mucho que desear y había
en la plantilla algunos jugadores
lesionados. Así que Ramón Díaz
incluyó a Saviola en la lista de
convocados para Jujuy, contra el
Gimnasia. Entraba en una
convocatoria con tan sólo seis
entrenamientos con el primer
equipo. "Me iba hacia casa
y, por casualidad, miré la
pizarra del vestidor. Estaban los
que viajaban. ¿Qué? ¿Cómo? No
me lo creía". Se quedó
ahí plantado, con la boca
abierta frente a la pizarra,
hasta que por detrás pasó el
veterano lateral Hernán Díaz
"y me dio una colleja para
que reaccionara. Me dijo:
'Despertá, que es verdad'
". No había manera.
"Al principio creía que el
técnico se había equivocado y
había puesto Saviola en lugar de
Sarabia". Aquel 16 de octubre
de 1998 fue emocionante. Fue
exactamente 48 horas antes de su
debut. Y lo más importante aun
tenía que llegar.
Faltaban cinco
partidos para la conclusión del
Apertu ra'98 y el equipo tenía
pocas opciones de conseguir el
título. River jugaba en Jujuy,
en pleno verano y el calor
castigaba más que en cualquier
otro sitio. O por lo menos eso le
parecía a Javier desde el
banquillo. Entonces,
en el minuto 15 del partido,
Cristian Castillo se lesionó.
"Miré hacia los dos lados y
vi que yo era el único delantero
del banco. Entonces empecé a
temblar", recuerda Saviola.
Ramón Díaz llamó al pibe y sin
apenas haber hecho calentamiento
éste saltó al campo.
"Quiero que estés
tranquilo, sos muy joven y
acá la responsabilidad la
tienen todos esos jugadores
experimentados que ves. Así que
salí y enseñá lo que sabés. Yo y
todos los jugadores te bancamos a
muerte", le dijo. Se lo
tomó al pie de la letra y, tras varias jugadas, a los
ocho minutos de la segunda parte
recibió un pase de Ángel y
disparó. Gol. Batió a
Castellano, que no pudo hacer nada. "Grité de alegría.
Me acordé de mi familia, del
esfuerzo que habían hecho para
que yo pudiera estar allá. No me
había imaginado nunca un debut
como aquel. Si ya estaba
satisfecho por haber
entrado...", explica un
Javier que comenzó a ritmo de
Fórmula 1. (ver
video-resumen del debut)
Ese mismo día
firmó su primer autógrafo. El
Diario Olé relató así aquellos
75 minutos que Javier estuvo en
el campo: "La presentación
incluyó gambetas, piques
electrizantes y un gol. Debutó y
fue figura". Bonano también
tiene claro que aquel día
Saviola inscribió una de las
páginas más bellas de su vida y
de la de River: "En él hay
algo especial y ya lo demostró
en aquel partido. No lo conocía
nadie y en menos de 90 minutos se
ganó a todos. La gente estaba
con él. Hay otros que tardan
años o tienen que hacer
demagogia besando la camiseta
para conseguirlo. Él tiene una
cosa inexplicable. Un don. Con un
solo partido la afición ya lo
adoraba. Dicen que todos
desprendemos una energía, y la
suya fue y es muy positiva".
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