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Javier Saviola en su intimidad


Tiene 19 años y cuesta U$S 27 millones. Junto a su madre Antonia lucha por la recuperación de su padre.

Luego de ganar con la selección Juvenil Mundial Sub 20, y de alzarse con el Botín de Oro como mayor goleador del campeonato, viajara a España para jugar en el Barcelona para que su padre Roberto se trate de la dolencia que lo aqueja.

La vieja sanadora revisó su cuerpito magro y frágil de apenas quince meses de vida y miró la cara de sus angustiados padres. “Sabes que tu hijo va a conocer muy bien el significado de las palabras gloría, fama y fortuna”, les dijo a Cacho y Mary, quienes la observaban con ansiedad. “Mire, señora –le dijo el hombre-, mientras usted logre mejorarlo hoy, no me importa si mañana es Maradona. Yo quiero que se cure”. Y la curandera de Tigre cumplió. No sólo consiguió que Javier Pedro Saviola pudiera sobreponerse a una diarrea crónica y que superara su primer año y medio con mas enfermedad que salud, sino que su premonición  sobre un futuro soñado se hizo realidad. Hoy con apenas 19 años, “ El Conejo” como lo bautizó el jugador Hernán Burgos-, “Pibito” o los más familiares “Javi” o “Negrito” se prepara para convertirse en un millonario de verdad, más allá del equipo de sus amores: River Plate. En seis años, Javier percibirá 16 millones de dólares por jugar en el Barcelona (el club español que lo compro en casi 27 millones de dólares).

En los recuerdos familiares quedó para Roberto “Cacho” Saviola (58) y para Maria Antonia Fernández (53) aquel hijo único, nacido con ocho meses de gestación, flaquito y con una salud quebradiza. También aquel niño menudito que se destacaba con la pelota en el colegio Congreso de la Nación y en los equipos de chicos en los clubes Ateneo Colegiales, Río de la Plata, Parque Chas y Estrella de Maldonado. O ese momento cuando, a los nueve años, el director técnico de las inferiores de River, Gabriel Rodríguez, le aseguró a un atribulado don Cacho que su hijo ingresaba como delantero en la 9ª del club. Lo mismo que aquel octubre del ´98, cuando Javier (un adolescente más delgado y más bajo que el de hoy en día) les avisaba que viajaba a Jujuy para jugar con la primera y lloraban de felicidad los tres abrazados. El presente de los Saviola es el éxito de su hijo:  el goleador del Mundial Sub 20, la gran estrella reconocida por sus propios pares –incluido Diego Armando Maradona (40) -, el ídolo de multitudes, el joven que ya ve asegurado su porvenir y el de los suyos.

Pero esta realidad que rodea al “Pibito”, que varió tanto en tan poco tiempo, no fue motivo de cambio en la realidad interna de Javier. El sigue siendo el mismo amigo fiel que logró conseguir hermanos fuera del hogar, como el inseparable Alejandro Corrales. La casa, quizás un poco más amplia, continúa siendo la misma que lo vio nacer y criarse en el Bajo Belgrano. Y sus gustos tampoco variaron: helado de dulce de leche y crema, el Superagente ´86, los bocaditos Marroc, el asado en familia, el champagne o la sidra, las películas de suspenso, el juego de computadora Play Station, el ping pone, dormir hasta tarde el desayuno en la cama (que le lleva mamá Mary para despertarlo con un beso). “El Conejo” tiene un apego tan  grande por su familia, que los momentos más felices y más tristes de su vida están relacionados con ella. Por ejemplo, la alegría de compartir con los suyos el éxito meteórico de su carrera o de cumplir la promesa hecha a su padre de terminar el secundario, cosa que a instancia de Ramón Díaz realizó en la escuela de River Plate. O, en el otro extremo, la muerte de sus abuelos Giordano y Maria. Y así como Cacho y Maria supieron arriesgar todo por la salud de su pequeño hijo, Javier es hoy quien tomó la posta a la hora de prodigar cuidados a sus seres queridos. Este inminente viaje a Europa no sólo significa para él un crecimiento económico y profesional sino también la posibilidad  de que su padre atenderse de una grave enfermedad que lo aqueja. Cuando Javier expresó sus deseos de trasladarse al Viejo Continente para jugar, entre sus motivos más importantes figuró la idea de que don Cacho pudiera tratarse en centros especializados. Pero mientras se define la mudanza y el traslado, el Pibito trata de continuar con su vida luego del triunfo de la selección Sub 20 que lo tuvo como protagonista y de la danza de los millones que rodean su nombre. Al día siguiente del partido, y luego de una noche de festejos en el campo de Ezeiza de la A.F.A, Javier se levanto pasado el mediodía, mientras su padre y su madre preparaban todo para homenajearlo con una de las comidas favoritas del jugador: el asado. El almuerzo lo compartió con su familia, su novia Maria Sol Rossi (16), su tía Gregoria Yelmo y sus primos Juan Manuel y Nacho. El tema de conversación fue, obviamente, el viaje que a la tarde harían Javier y Maria Sol al Caribe, un merecido descanso luego de tantas emociones. Javier Saviola cumple el sueño de todo padre y, también, el de todo hijo. Es el candidato ideal para todas las suegras y el amigo que todo adolescente quisiera tener para jactarse. Pero por sobre todas las cosas, “El Conejo” es un apersona que no perdió la humildad a pesar de su talento arrollador y de su merecido reconocimiento. Como coinciden todos los que lo conocen: Javier es un buen tipo.

Durante la final de la Sub 20 Javier Saviola realizó un gol, el segundo de los tres que le garantizaron la victoria al Selección Juvenil. Esta vez, como nunca, lo disfruto a pleno grito.

Pese a cobrar desde los 17 años un abultado salario mensual por su participación en la primera división de River Plate, Javier Decidió seguir viviendo en la casa donde nació. Aún mantiene intacta la bicicleta de la adolescencia en el fondo de la casa de Belgrano. Su madre, como siempre, continúa lavándole su ropa favorita a mano. El lunes 9 por la mañana, María Antonia colgó sobre su soga la remera que su hijo usó el día anterior en la cancha de Velez Sarsfield.

Con solo 19 años se ha convertido en uno de los mejores jugadores del mundo. Y también en uno de los más cotizados. Su pase a España costó 26.800.000 de dólares.

En España lo espera un futuro a lo grande. Se estima que en el Barcelona será recibido con los honores propios de una estrella internacional y que, en poco tiempo, sus ya altos ingresos se duplicarán.

Después de su padre Roberto, el mayor pilar de su carrera fue y es su madre, María Antonia. Ella lo despierta todas las mañanas con un beso en la mejilla y le lleva el desayuno a la cama.

Antes de partir a España, el flamante campeón del mundo y María Sol Rossi volaron a República Dominicana donde disfrutan de una semana de descanso.

   Feliz con el triunfo de la selección Argentina, Javier Saviola (19) no solo quiso festejar su brillante desempeño en el último campeonato mundial con sus padres y amigos. Además quiso celebrar la victoria junto a su novia, María Sol Rossi (16). Por eso, antes de partir a España  para jugar en el Barcelona, Saviola improviso unas breves vacaciones en compañía de la joven que hace un año conoció en el colegio secundario que tiene el club River Plate.

   El lunes 9, María sol llego cerca del mediodía a la casa de los padres de su novio, cargando los bolsos con la ropa que llevaría en el viaje. Allí Javier la invitó a compartir un asado en el jardín de la casa durante el cual todos recordaron los mejores momentos del partido del domingo.

Cerca de las seis de la tarde, Javier y María Sol salieron en el Focus negro del futbolista, rumbo a Ezeiza. Allí después de despedirse de los padres y el sobrino del jugador, embarcaron juntos en un charter  de Air Plus que hizo escala en Varadero (Cuba) y que tuvo como destino final la ciudad de Punta Cana, en Republica Dominicana.

Una vez en el lugar, Javier y Sol se instalaron en un hotel cinco estrellas, junto a la playa, dispuestos a disfrutar de un merecido descanso que se prolongará hasta los primeros días de la próxima semana. Entonces, Saviola volverá al país para prepararse para dar el paso más importante de su carrera: comenzar a jugar en el Barcelona, el club de fútbol donde Saviola espera realizar todos sus sueños.
 







 
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