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Editorial Don
Balón, 1489. 04/05/04
A SAVIOLA
LE RESTAN "CARIÑO"
El delantero
del Barcelona despierta una especie de
pasión amor-odio en el seno de la
directiva azulgrana. "El Pibito" está
realizando una notable campaña y Laporta
tiene constancia de ello, ya que es
titular (entra de lleno en el once tipo
de la temporada) y marca goles (con 13
tantos es el segundo máximo "artillero"
del equipo, superado sólo por Ronaldinho
que tiene 14).
Queda reflejado que Saviola resulta una
pieza importante en el esquema de
Rijkaard y que su rendimiento se
mantiene en una línea muy regular de
partidos y goles en sus tres ejercicios
como culé. Hasta aquí se resumiría el
afecto deportivo, dejando por supuesto
al margen el de tipo personal que pueda
existir, entre Laporta y el futbolista.
¿Entonces, qué clase de odio puede
levantar "El Conejo"? Evidentemente, la
palabra "odio" no es ni mucho menos la
adecuada. Más precisa sería la expresión
que: la directiva pretende restarle un
"cariño", que en otras épocas era tan
necesario para Rivaldo.
Laporta ha adoptado la fórmula de los
contratos por incentivos. Una política
que la directiva desea aplicar a toda la
plantilla. En los acuerdos que se han
firmado de nuevo cuño se incluyen
obligatoriamente, mientras que con los
jugadores que finalizan contrato, tipo
Cocu o Reiziger, se abre el tira y
afloja y en el caso de Luis Enrique se
emplea la versión lo tomas o lo dejas.
Otro cantar representan los compromisos
en vigor. El club ha tocado a distintos
futbolistas en el afán de generalizar
este pago por éxitos. Sin embargo, el
rasero utilizado ha sido diferente para
unos, Saviola, u otros, Puyol, por
ejemplo, en el que la propuesta se ha
quedado en formato "light", con un
"habría que reunirse" o "tendríamos que
hablar".
Cabrera Brizuela, representante del
argentino, destapó en un programa
radiofónico que había recibido presiones
por parte del club. Saviola cobra 2,4
millones de euros netos anuales (Mundo
Deportivo, 6 de mayo 2004) y finaliza su
relación con el Barça en 2007. Según
este agente, el vicepresidente Soriano
le había advertido que si el jugador no
aceptaba reducir el 40% de su salario se
vería apartado del equipo como le
sucedió a futbolistas como Bonano o
Dani.
El Barcelona negó, primero, y lamentó,
después, que se hubiesen hecho públicas
unas conversaciones privadas. Soriano
matizó que la propuesta consistía en que
si un jugador gana 100, se le ofrece un
fijo de 80 y un variable de 40. En caso
de ir las cosas mal gana 80, pero si van
bien puede ganar 120.
El club está en pleno derecho, y en la
obligación por coherencia, de plantear a
todos los jugadores la revisión de sus
contratos para ajustarlos a la política
de incentivos, aunque tanto el de
Saviola como el de Puyol merecen un
respeto total y bajo ninguna
circunstancia el Barcelona tiene que
molestarse si no aceptan que se cambie
una coma o un euro del acuerdo que en su
día rubricaron. La pregunta, por contra,
es por qué a unos se les susurra y a
otros se les grita la conveniencia de
renegociar sus compromisos. No es de
recibo esta doble actitud. Provoca mal
ambiente en el vestuario y ante el tirón
popular del defensa, se crea la idea que
el Barcelona intenta cebarse con el más
débil para cumplir sus objetivos.
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