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UN PIBITO A LO
GRANDE: LA VIDA COTIDIANA DE UN CRACK EN UNA
GRAN CIUDAD EUROPEA
Saviola ya se anima con la lengua catalana y
hasta se da el gusto de ir al supermercado con
su mamá, Mari.
Aunque cambió las
calles de Belgrano por las del hermoso y alejado
Sant Cugat, Javier Saviola sigue siendo un pibe
de barrio. Vive con su mamá, Mari, y con su
primo Agustín. "Y con mi perro, Dalí, un golden
que se llama así por la locura que tiene...". Es
con Dalí que sale a caminar por la zona sin que
nadie lo moleste. Y, como si alguien dudara de
su condición de buen hijo, hasta acompaña a Mari
al supermercado.
Aquí no se priva de nada el 7 del Barsa. Va al
cine, a las playas cercanas a Barcelona o a las
de Ibiza, sale a pasear con Xavi, su mejor amigo
dentro del plantel y con quien comparte la
habitación en la concentración. Cuando puede, se
hace algún viajecito, como el que realizó hace
un tiempo a Florencia. "Eso sí: no conozco el
Metro de Barcelona", confiesa.
Vive bien, tranquilo, con dos autos (pide no
publicar las marcas para no hacer nada de
ostentación). Siempre tiene dos hombres del club
a su disposición, quienes lo mantienen informado
de todo: horario de entrenamientos,
obligaciones, viajes... Además de su
representante, Alfredo Cabrera Brizuela, cuenta
con Diego Queiruga, para que le maneje la
prensa.
Cada vez que sale del Camp Nou, se detiene y
firma los autógrafos que le pidan. Nunca anda
apurado y hasta se le anima a la lengua
catalana: Bona tar, Bona nit, pilota... Por
supuesto, las más sencillas. "Entender lo
entiendo todo", jura. Y Clarín es testigo: le
hicieron preguntas en catalán y él las respondió
—en español— en la conferencia de prensa
posterior al 4-1 al Español. En ese partido, él
metió el segundo (luego de un pase de taco de
Ronaldinho, se encorvó, arrastró la marca y la
picó por encima de Lemmens) y el cuarto (la
empujó tras un error del arquero).
No extraña el mate porque nunca le gustó, pero
se desespera cada vez que ve a River por TV:
"Extraño el olor del vestuario y, aunque suene
raro, las puteadas de la gente: acá se prenden
un puro y miran el partido pero sin el ambiente
de allá".
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"JAMAS LE DIRIA
QUE NO A LA SELECCION"
Javier Saviola
crece en el Barcelona pero no tiene lugar como
titular en la Selección. Sin embargo, no se
desespera, dice que una de sus virtudes es la
paciencia y que va a tener su oportunidad.
El hombre de los 100 millones de euros, ese
manojo de largos rulos negros y enormes dientes
blancos, sale apurado del vestuario del Barsa.
"¿Cómo estás, Javier, boluuudo?", le dice
Ronaldinho a Saviola. Y Saviola, a solas con
Clarín en la antesala VIP del camarín, se
enorgullece: "¿Escuchaste? Eso se lo enseñé yo,
que es lo único que le puedo enseñar a este
monstruo". Y se larga a reír el Pibito,
travieso, espontáneo.
Es el mediodía y acaba de terminar el
entrenamiento del club donde Ronaldinho es el
crack por excelencia; Carles Puyol, el
sentimiento por ser de la cantera. Y Saviola,
rodeado de tantas estrellas, el mimado por
todos. Está en su mundo acá en Barcelona, en la
ciudad y en el club. Desde que llegó, hace tres
temporadas, no para de coleccionar afecto. Tanto
en el megastore del club ubicado a orillas del
Camp Nou, como en los puestos callejeros
cercanos al estadio, hay un dato que avala esta
teoría: la camiseta 7 es, después de la 10 del
brasileño, la más vendida de todas (la oficial
vale 79,75 euros).
Ni qué hablar de pleitesías luego de lo del
domingo, cuando en el 4-1 ante Español metió dos
goles y se fue bañado en cariño cuando le dejó
su lugar al holandés Patrick Kluivert. "La
química con la gente se dio apenas llegué, en el
aeropuerto, al bajar del avión. Nunca alcancé a
entender del todo el por qué de semejante
afecto", confiesa.
Mientras el holandés Edgar Davids también lo
saluda al irse, él ensaya una explicación: "Más
allá de los 13 goles en esta Liga, noto que los
chicos me adoran, y así los padres también me
toman cariño. La hinchada me acompañó cuando
murió mi padre y me bancó cuando no jugaba".
Javier Pedro Saviola, este notable delantero
cuyos 22 años y su metro 68 por ahora no caben
entre los titulares de la Selección, estira de
pronto sus brazos y mete un freno discursivo:
Pacho y Sergi, los hijos de su compañero Luis
Enrique, se arriman para abrazarlo en medio de
la entrevista. "La gente es muy respetuosa y
educada, más que en Argentina. Y eso que ésto es
el Barsa..."
- ¿Y qué es el Barsa, Javier?
- Te lo resumo en un cartel que hay en el túnel
para que tomemos consciencia nosotros y lo
tengan en cuenta los rivales. Dice, en catalán,
Més que un club.
- ¿Dónde pensás que sos más conocido? ¿Aquí o
en Buenos Aires?
- Me parece que acá: hace ya casi tres años que
me fui de River.
- Encima, a la Selección vas y no jugás...
El Conejito asimila el impacto. Un rato antes de
que el equipo vaya a concentrarse al hotel
Princesa Sofía para afrontar el derby catalán,
el tema de su permanente suplencia en el mundo
Bielsa queda instalado. ¿Hablará Saviola? Habla
Saviola...
- Mirá, cada vez que me llaman de la Selección
me dan unas ganas bárbaras de ir al instante.
- Pero irás siempre con la esperanza de
jugar, no como pasó ante Ecuador, por
Eliminatorias, o con Marruecos, donde no
entraste.
- Claro que voy para jugar y ahora no me está
tocando. Pero si hay algo que me caracteriza a
mí es la paciencia. Esa misma paciencia que tuve
aquí con Rexach, Van Gaal, Antic y Rijkaard,
ahora la tendré en la Selección.
- ¿Le dirías que no a la Selección?
- No, jamás le diría que no a la Selección,
sería una irrespetuosidad de mi parte. Sé que en
algún momento voy a tener una chance. ¡Mirá si
con lo que soñé de chico con la Selección voy a
negarme a una convocatoria! Se hace difícil
tener la camiseta argentina puesta y mirarlo
desde afuera, pero trato de aguantarme esa
ansiedad por si me toca entrar.
- ¿Por qué pensás que no te pone Bielsa?
- No creo que sea por falta de condiciones: si
me convoca es porque cree en mí. Ahora la
confianza se la está dando a Crespo, y como el
sistema que usa la Selección permite un solo
delantero de punta, no tengo lugar.
- ¿Podrías jugar con Crespo, a lo mejor más
por afuera?
- Sí que podría, no como extremo porque sé que
esa no es la posición que Bielsa pretende de mí,
sino que podría hacerlo más cerca de Crespo, tal
vez más atrás, como ya lo hice en River con
Angel, o acá con Kluivert.
- La historia se repite: así como Batistuta
tapaba a Crespo, ahora Hernán te está tapando a
vos.
- Parece... Pero no me desespero: sé que en
algún momento voy a poder jugar en la Selección.
- ¿Sabías que uno de los temas futboleros en
Argentina es por qué no jugás en la Selección?
Sin quererlo, le estás generando menudo problema
a Bielsa.
- (Se ríe). No sé, él es un técnico muy seguro
de lo que hace y no creo que se deje influir
mucho.
- ¿Hablaste con él del tema?
- No es mi estilo. Sé que él quiere lo mejor
para el equipo y a mí no me corresponde
preguntar nada.
- ¿Esos viajes de "turismo" que hacés te
generan conflictos en el club?
- Y... cada vez que vuelvo me preguntan. Les
digo que no depende de mí. Igual, en el Barsa
saben que la Selección me encanta.
Frank Rijkaard cruza la sala y le levanta el
pulgar. No es para menos: Saviola es un artífice
de esta levantada del Barsa, equipo que aún
tiene chances matemáticas de ser campeón (quedó
a un punto del Real pero el Valencia le lleva 5
sobre 9 en juego).
- ¿Qué balance hacés de esta estadía en
Europa?
- Positiva. Superé de entrada la adaptación al
fútbol europeo y entendí que acá, si no tocás
rápido, te comen enseguida. Me faltaría
conseguir un título.
- Si tuvieras que enfrentar ahora -por
ejemplo- a la defensa de Racing, ¿te sería más
sencillo?
- Yo también me lo pregunto para cuando me toque
volver. Igual, falta mucho para eso: quiero
seguir mucho tiempo más en este club y luego
pasar por algún otro club importante de España.
Recorre junto a Clarín el Camp Nou. Los turistas
enloquecen al toparse con él. No hay dudas de
que este chico que sueña con la Selección y con
Atenas 2004 se deja querer. Porque juega un
montón, no habla de más y, encima, tiene pinta
de buen pibe. Sí, entre los catalanes, se parece
mucho al rey de los bajitos.
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SAVIOLA Y...
Ronaldinho
"El brasileño está entre los tres mejores
futbolistas del mundo, junto al francés Henry y
a Ronaldo. La verdad es que disfruto mucho de
jugar con él. Es un jugador que no se entretiene
con la pelota y que siempre sabe encontrar el
espacio para dártela".
Patrick
Kluivert
"¿Si me parece una irrespetuosidad haber mandado
a un jugador como él al banco? Ja, es cierto que
hay veces en que ni yo me lo creo. Tenemos muy
buena relación y trato de aprender mucho del
holandés. Sé que estar junto a él me hace
crecer".
Javier
Mascherano
"Confieso que si pudiera, me lo traería conmigo.
Es un mediocampista que tiene mucha proyección
en su carrera y me encanta como juega. Estoy
seguro de que es uno de los mejores jugadores de
la Argentina, junto con Carlitos Tevez".
Diego Maradona
"Lo conocí en una entrega de premios de Clarín.
Me lo crucé en el estacionamiento y nos pusimos
a hablar: casi me muero... Me gustaría tenerlo
enfrente mío y escucharlo. No le preguntaría
nada, lo dejaría hablar y aprendería. Me reclama
en la Selección y se lo agradezco".
Zinedine
Zidane
"Me encanta verlo jugar. Una vez intercambiamos
camiseta. También tengo de Ronaldo, de
Joaquín... Nunca nadie me la negó. Otra cosa
linda que me pasó es que muchos jugadores, como
Iker Casillas, me piden mi camiseta para
entregársela a sus hijos".
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