Ezequiel Cogan / 20 Octubre 2004

CHAMPIONS LEAGUE: MONACO 2 - OLYMPIAKOS 1
Savio

A los griegos, Saviola les refutó su propio pasado. No sabe el más viejo sino el más habilidoso: golazo en el triunfo del Monaco.

 

Javier festeja su gol, en el arranque del partido. Ya lleva dos en dos partidos de Champions.
 
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¿Fue mejor que éstos?
El pito se comió lo que hubiera sido el empate
Así lo describieron
P
ararse delante de un espejo puede tener como reflejo distintas percepciones de acuerdo al lugar en el que uno decida enfocar su espectro visual. Lo más posible es que la imagen inmediata sea la de uno mismo, aunque también se le podría prestar atención tan sólo a lo que viene por detrás, llámese el pasado para darle un tinte metafórico. Ayer, el Principado de Mónaco amaneció con una declaración de Fernando Morientes ("Si me voy del Real Madrid, el Monaco sería mi primera opción"), y los paquetes seguidores del equipo monegasco, por un momento, se ilusionaron con tener de regreso esos goles que los llevaron hasta la final de la última Champions League. Esta bien, pero el que toma las decisiones, Didier Deschamps, prefirió ver el resplandor del presente. Entonces, ahí nomás, el primer mensaje: para recibir al Olympiakos, cuatro atacantes (Kallon, Saviola, Adebayor y Chavantón). Ahora bien, no todos los espejos devuelven la imagen deseada, pero al entrenador francés le entregó la más bonita. Sí, en un flash, dos minutos de partido, Javier Saviola dejó en claro que no hay Moros en la costa y sacó sus Conejos de la galera. En una acción bien made in el Pibito —de ésas que parece que si no se cae, le van a sacar la bola en cualquier instante—, dejó en el camino a tres rivales y, cuando se ensuciaba un poquito la acción, la clarificó con un túnel limpito a Schurrer, para quedar cara a cara con el arquero. ¿La definición? Más o menos: un puntazo arriba al estilo Romario...

"Me pone contento haber marcado; el gol lo quiero ver por tele", contó Javier, quien tras su excursión eliminatoria, tuvo descanso el fin de semana (no fue al banco ante el Metz). El Conejo gritó por segunda vez en esta Champions (al Depor, el otro) y, con el 2-1 al Olympiakos, su equipo sigue con una racha impresionante de local en esta competición: 15 victorias en 19 juegos.

La apuesta ofensiva de Deschamps invitaba a presagiar un maremoto de gritos en el Luis II. A ver: los puntas tenían muchísima movilidad y si bien arrancaban en posiciones fijas, luego terminaban por cualquier lado, desorientando a una lenta defensa griega. Los laterales, Maicon y Evra, iban e iban, y en el medio, Bernardi y Zikos no fallaban en los relevos. Entonces, no sorprendió que Chevantón regalara otra obrita industria sudamericana: se sacó dos hombres de encima y la colgó de un ángulo.

Fútbol, show y contundencia. ¡Belleza, Monaco! Hasta que Deschamps volvió a mirarse en el espejo y, esta vez sí, miró para atrás. Vio cómo hace 18 días el Niza le daba vuelta un 3-0 en 15 minutos, y no quiso semejanzas. Afuera Chevantón y Saviola, dos líneas de cuatro y a cuidar el resultado. Esto agrandó al Olympiakos (nunca ganó como visitante en 24 partidos de Champions), que con algunas cositas de Rivaldo y la insistencia del chipriota Okkas (puso el 2-1 final) casi le alcanza para llegar al empate.

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