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Jorge López / 11
Diciembre 2005 |
ESPAÑA: JAVIER SAVIOLA
"Nada de revancha personal"
Saviola cumple
hoy 24 años y justo enfrenta al Barsa, su ex club. Pero no tiene rencores.
—Javier, pedí tres deseos.
—...
—¿Y?
—¿Y qué?
—¿Los deseos?
—Nooooo, yo cumplo años el domingo. Festejarlo antes de tiempo dicen trae
mala suerte. Yo no creo en eso, pero por las dudas... Y mis deseos quedan
para mí.
El recuerdo familiar no falla: para la familia Saviola, el llanto
estremecedor del primogénito del matrimonio de Roberto Cacho Saviola y María
Antonia Fernández se escuchó a las 11 de la noche del 11 de diciembre de
1981. Ochomesino, su precocidad no le dio tiempo a su madre ni de llegar al
hospital, al punto que tuvo que ser asistida por una partera amiga: nació en
la casa familiar de la calle Dragones, en Belgrano. Pesó 2,400 kilos, y lo
llamaron Javier (el nombre que eligió papá Cacho) Pedro (en homenaje a un
tío materno fallecido).
—¿Partido especial el de hoy?
—Sí, claro. ¿Lo decís por el cumpleaños? (se ríe).
—Por eso y por tu regreso al Camp Nou, con otra camiseta.
—Y por primera vez (agrega). Sí, no puedo mentir, claro que será especial.
Raro. Viví muchos momentos bonitos en el Barcelona y me reencontraré con
muchos amigos y caras conocidas. Con muchos de mis compañeros no perdí el
contacto cuando me fui al Monaco ni ahora. Uno no puede olvidar que allí
jugó varios años. De hecho, mi pase pertenece al Barcelona. Pero daré todo
por una victoria del Sevilla.
—¿Lo tomás como revancha?
—Nada de revancha personal. No puedo reducir un partido tan lindo a algo
así. No guardo rencor con nadie. Cuando jugué (01/04), me tocó meter 60
goles en tres años. Ahora estoy en otra institución importante, debo vivir
el presente y aquí me siento muy querido.
—¿Te gustaría meter un gol?
—¿A qué delantero no le gustaría meter un gol? Me entreno para eso. Juego
para eso. Y me contratan para eso. Pero no porque el rival sea el Barcelona,
sino contra cualquier equipo que tenga enfrente. Hoy me debo al Sevilla y
debo dar el máximo por esta camiseta. Por los hinchas y a los directivos que
confiaron en mí.
—¿Vas a cambiar la camiseta con alguno?
—Seguramente. Me hubiera gustado hacerlo con Xavi, pero se lesionó. Es mi
amigo y me puso mal su lesión. Pero también hay otros de nivel, como
Ronaldinho, Deco, lo que demuestra Messi... Siempre quiero que a mis
compatriotas les vaya bien.
—¿Vas a seguir en el Sevilla?
—Uy, todavía falta medio torneo. Lo importante es que no me arrepiento de
haber venido al Sevilla, en donde me hacen sentir muy feliz. La gente es muy
cariñosa y alegre. Y mis compañeros me ayudaron a adaptarme al nuevo plantel
desde el primer momento. El equipo está unido y yo acá me siento muy cómodo.
—¿Por qué no pudiste quedarte en el Barcelona?
—No lo sé. Y no es una respuesta que deba dar yo.
—¿Se te había cerrado el arco?
—Dicen que cuando entra una... sigue la racha, ¿no? Esperemos que se cumpla.
Nunca me obsesioné por meter goles. Si trabajás para eso, llegan. Lo
importante era que el equipo ganara, porque de esa manera podés esperar, con
tranquilidad, el gol.
—Y desde el gol al Zaragoza, ya entraron cinco en un mes.
—Sí, y que se haya dado tan seguido me da mucha confianza. Pero siempre
estuve tranquilo.
—¿Si hacés un gol lo gritás?
—Nunca planifiqué mis festejos, eso te nace. Y ante todo, soy un profesional
y muy respetuoso.
—¿Te mantiene cerca de la Selección? Tenés competencia...
—Yo siempre sueño con el Mundial, mi primer Mundial con la Mayor. Espero
tener una temporada con regularidad y meter goles...
—Qué feo el grupo que tocó...
—En un Mundial todos los equipos son importantes. Hay que ganarles a todos.
"Dicen que los inviernos son cortos y fríos. ¡Y en verano no sabés el calor
que hace! Te sofoca", ilustra Javier, devenido a guía turístico. El
delantero no tardó en convertirse en la nueva perla del Guadalquivir. Los
sevillistas lo adoptaron desde que apareció con su sonrisa genuina en el
caluroso verano pasado, y hoy hacen fuerza para que el presidente Del Nido
le compre el pase en junio del 2006. Saviola se mueve de memoria por la
ciudad, se hizo amigote del italiano Enzo Maresca y tiene unas ganas
bárbaras de radicarse entre los andaluces. Claro, no le pidan que baile
flamenco: lo suyo son los goles.
—¿Te adaptaste a la ciudad?
—Sí, y rápido. Me encanta. La catedral me impacto, dicen que es el mayor
templo gótico del mundo. La gente también me cayó muy bien, es muy alegre y
abierta, le gusta la música y te demuestra su afecto. Es cálida. Y en comida
tenés gazpacho, menudo, mantecados, pero mucha idea no tengo, jejeje...
Se acerca el final de la nota. Y sigue sin confesar sus deseos.
—¿Los vas a decir?
—No, pero no giran en torno a la pelota. ¿Satisfecho?
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