18 Diciembre 2005

QUINCE MINUTOS ÉPICOS DEJAN LOS TRES PUNTOS EN NERVIÓN

Sevilla FC 3-2 Real Sociedad

Kepa, en dos ocasiones, y Kanouté certificaron una remontada increible en menos de un cuarto de hora. Saviola levantó al equipo. La Real acabó el partido con nueve y fue incapaz de aguantar el intenso empuje sevillista en el tramo final del encuentro

Hasta el rabo todo es toro. Quien diga lo contrario que vea el partido ante la Real. Minuto 76, el Sevilla pierde por 0-2. La gente empieza a irse del estadio. Minuto 90. 3-2 en el marcador, pitido final y tres puntos en casa. Entre ambos momentos, una reacción casi milagrosa del Sevilla de la mano de un genial Saviola, que se echó el equipo a sus espaldas y lideró una increible remontada certificada por Kepa, que entró en el tramo final, y Kanouté, que pusieron cal donde antes sólo había arena.

Si no le hubiera dado al Sevilla por reaccionar en el minuto 76 seguramente ahora mismo estaríamos hablando del peor encuentro con diferencia de los nervionenses en lo que va de Liga. Pero reaccionó y eso tapa una primera parte para olvidar, en la que sólo se salvó el emotivo minuto de silencio que se guardó en memoria del recién fallecido internacional sevillista Manuel Domenech, y un comienzo de la segunda bastante decepcionante, todo hay que decirlo. El planteamiento de Juande, poniendo a Navas en la izquierda debido a la baja de Adriano y a Kanouté en la derecha y dejando a Martí en el banquillo, no funcionó. Ni Navas daba profundidad en la izquierda ni el malí mostró oficio en la derecha. El juego sevillista era inofensivo y vacío de contenidos. En cambio, la Real sí llegaba con contundencia y con ganas de finiquitar el asunto cuanto antes. En el minuto 5 Nihat mandó un cabezazo al larguero. Fue el primer aviso. En el minuto 26 se acabaron las contemplaciones y Labaka de un formidable remate de cabeza cuando estaba libre de marca puso el 0-1 en el marcador.

Todo pintaba mal para el conjunto local. El Sevilla no estaba fino, no tenía claridad de ideas, era un barco a la deriva. No obstante, antes del descanso se produjo una jugada decisiva. Luis Fabiano se quedó solo y un instante antes de pisar área fue derribado claramente por Cifuentes, que vio la segunda amarilla y fue expulsado. Fue la única gota de agua en la desértica primera mitad de los hombres de Juande.

El manchego movió ficha tras el descanso para intentar revertir la situación. Sacó a Martí por Jordi. Jesús Navas se fue a la derecha y Kanouté al ataque a ayudar a Luis Fabiano y Saviola. Sin embargo, no se produjo el giro deseado y en el minuto 56 Garitano, otra vez de cabeza, marcaba el segundo. Con el 0-2 los vascos se crecían e incluso con un jugador menos dominaban a un Sevilla que parecía ajeno a todo lo que estaba pasando. Juande optó entonces por sacar a Kepa y Diego Capel por Luis Fabiano y Maresca.

La consigna era clara, colgar balones al área y esperar que la suerte acompañara. Quedaba tiempo pero ni los más optimistas creían en la victoria. Desde luego en esos momentos era mucho creer, puesto que incluso cuando se consiguió hacer gol por mediación de Kanouté justo después de que marcara Garitano, el árbitro anuló el tanto: salía todo mal.

Fue entonces cuando Saviola adquirió protagonismo y conectó a su equipo al encuentro. El argentino había pasado prácticamente inadvertido pero empezó a bajar a recibir y salir al ataque desde atrás, creando por fin peligro, algo inexistente hasta ese momento. En el minuto 30 Javier vio como Riesgo le sacaba bajo palos un remate que era gol. Un minuto más tarde se coló hasta la cocina en una buena jugada personal, disparó, Riesgo de nuevo detuvo su disparo, pero Kepa cazó el rechace y lo mandó a la red. El público despertó y empezó a crear el ambiente propicio de lo que se iba a convertir en una remontada épica.

El Sevilla se fue adelante con total descaro. Ya no había excusas, había que jugarse el todo por el todo. Daniel era el lanzagranadas. El brasileño las ponía medidas en el área, donde Kepa y Kanouté intentaban consumar el milagro. El marbellí pudo empatar con un excelente remate, que Riesgo consiguió desviar a córner. Se botó el saque de esquina, el balón llegó a la derecha. Allí lo cogió Daniel, que se metió en el área, levantó la cabeza y le puso un balón de oro y brillantes en el área chica a Kanouté, mandándolo con suma facilidad a la red con un certero cabezazo. Increíble pero cierto, minuto 81 y el marcador igualado: los de Juande habían hecho en unos pocos minutos lo que fueron incapaces de hacer en setenta y cinco, cosa de locos sin duda.

Todo se ponía a favor. Se intuía la hazaña y Garitano echaba una mano cuando vio la segunda amarilla a cinco minutos del final. El vasco protagonizó un numerito a la hora de abandonar el terreno de juego con tal de perder tiempo, pero ni siquiera eso le sirvió a la Real para evitar la debacle. Jesús Navas la recibió en la derecha y la armó. Se la colocó a pedir de boca a Kepa y el matador malagueño certificó la gesta con un formidable cabezazo que puso el definitivo 3-2 en el luminoso. Dos goles del canterano, que suma cuatro en la Liga.

Ese fue el final feliz de una historia que en el minuto 76 era negra como el carbón y que, increíblemente, en el minuto 90 era ya un cuento de hadas. Verlo para creerlo. Seguramente, todos aquellos que abandonaron el campo antes de que se diera la gesta estarán dándose cabezazos contra la pared. No es para menos. Aprenderán la lección, seguro, porque en el fútbol no se acaba nada hasta que el árbitro pita el final. La sufrida victoria sirve al conjunto nervionense para no descolgarse de los puestos de arriba y seguir manteniendo una candidatura seria a jugar competiciones europeas la temporada que viene, así como para reforzar su autoestima puesto que se había puesto en duda su incapacidad para remontar resultados adversos. Se demostró que si este equipo quiere, puede, aunque sea sólo en los últimos quince minutos.


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