Saviola versus Saviolita
A los 14 años, Saviolita marcaba muchos goles en las juveniles de River cuando José Pekerman tomó la decisión de dejarlo afuera de un Mundial Sub-17. Era demasiado chico para entrar en el boliche. Le alcanzaba la pelota a su ídolo Ortega y corría más rápido que el tiempo. A los 16, debutaba en primera con un gol en Jujuy. A los 17, ya era titular indiscutible en el equipo de Ramón, su protector. A los 18, se consagraba campeón y goleador de un torneo (Apertura 99). A los 18 y medio, se presentaba en la selección mayor (1 a 1 con Paraguay, la noche en que Samuel erró lo imposible). A los 19, José volvía a convocarlo para un Juvenil. Esta vez sí, para bailar a los rivales y dar la vuelta olímpica en el mundial Sub 20, superando el récord de goles para la competición (11 en 7 partidos). A los 20, estaba en Barcelona, que pagó más de 30 millones de dólares en una polémica transferencia que luego sería el principal motivo de su salida... Se había ido de River como ídolo, con 59 goles y 2 títulos en tres años. Había rogado para que la operación se hiciera. A través de una emotiva carta, hizo pública la grave enfermedad de su padre que debía ser tratado en Barcelona con la mayor celeridad posible. “Yo no soy la joya de la abuela. Soy un futbolista que quiere ser feliz junto a su familia”, escribió este hijo único, que antes de jugar a la pelota debía terminar sí o sí la tarea del colegio. Papá Cacho, maestro mayor de obras y taxista, murió a la semana de llegar a Barcelona. Más allá de lo que dijeran el pasaporte y el apodo “Pibito”, ya era mayor de edad. Sólo volvía a ser Saviolita a la hora de tomar la leche, un ritual vigente desde los 10 años, cuando después de cada práctica con los infantiles de River su abuela le llevaba su vaso preferido. Después de darle mucho en poco tiempo, el fútbol comenzó a ser injusto con él en 2002. Debió haber estado entre los 23 que fueron a Japón, pero Bielsa eligió a Caniggia. Quizás el pecado haya sido, otra vez, su juventud. Pero en su primera liga española había marcado 17 goles y con seguridad era una alternativa al molde Bati-Crespo. Curiosamente, Barcelona le resolvió la economía pero le complicó la vida futbolera. El sobreprecio pagado por su pase se convirtió en una extraña devaluación profesional. A él le fue bien, con 59 tantos en tres temporadas y el cariño del público, pero al equipo le fue mal, sin títulos y con 4 DT en fila. En el primer semestre de 2004, marcó 12 goles ya con Ronaldinho y Rijkaard. Sin embargo, lo empujaron a irse a préstamo, decisión más política que deportiva. En la campaña electoral, Joan Laporta, actual presidente, había definido su pase como monumento a la corrupción… En Mónaco conoció el glamour pero, a pesar de sus 17 goles, nunca estuvo cerca de los reflectores importantes. Llegó contento a Sevilla para jugar el año previo al Mundial. El primer semestre se le escurrió entre lesiones y bajo rendimiento. Este mes, dejó atrás un problema muscular y levantó su nivel con un par de goles, pero la furiosa actualidad lo relega entre tantos aspirantes a un lugar: Milito, Cruz, Palacio, Agüero y hasta Figueroa. Ausente de la convocatoria ante Croacia, no se apuren a tacharlo definitivamente. Tiene una importante ventaja comparativa para la elección final. Factura como autónomo y también arma buenas sociedades, sin problemas de cartel. Siempre encuentra la manera de complementarse con el otro delantero. Crespo, Angel y Kluivert firman la solicitada. También sabe potenciarse con cualquier volante que interprete sus desmarques. Xavi, Aimar y D’Alessandro lo avalan. Pekerman lo valora y lo espera. No necesita brillar para ganarse el pasaje pero sí mejorar lo hecho hasta acá. Tiene 13 fechas de campeonato y la Copa UEFA para revertir su pobre temporada. Rebelde ante la adversidad, se resiste a que José otra vez tenga que dejarlo fuera de un Mundial y, sobre todo, pelea para escaparle a un cruel destino futbolero. Simplemente, no quiere volver a ser Saviolita a los 24 años. URL:
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