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10 Junio 2006 |
17:55 |
ARGENTINA 2 - COSTA DE MARFIL 1
Había que
ganar como fuera
Con goles de Crespo y Saviola consiguió una
importantísima victoria en el debut por el Grupo C del Mundial de Alemania.
Hizo la diferencia en el primer tiempo e intentó cuidar la pelota. Pero a
nueve del final, descontó Drogba y la Selección sufrió: el equipo de
Pekerman se encontró con un rival durísimo.
A cuatro años de la triste y recordada eliminación ante
Suecia en el Mundial de Corea-Japón, Argentina iniciaba el camino en
Alemania 2006. El objetivo, no había dudas, era torcer aquella
nefasta historia y escribir una con sonrisas y festejos. Enfrente, como en
Italia 90, un equipo africano: en este caso, Costa de Marfil, debutante
absoluto. Las conjeturas tejidas en la previa quedaban en el olvido y, ante
una multitud celeste y blanca, la pelota empezaba a rodar en Hamburgo.
Y arrancaron como si se conocieran: sin estudiarse, sin medirse. Sin
cautela. El conjunto de Pekerman salió a presionar en el primer minuto e
intentó jugar cerca del arquero marfileño. Sin embargo, a base de empuje y
actitud, los Elefantes se pararon en campo argentino gracias a la movilidad
de Boka y, fundamentalmente, Akalé. El carrilero izquierdo desbordó, envió
un centro y Drogba, de cabeza, la tiró por arriba. En la siguiente, Akalé
volvió a aparecer con una excelente diagonal hacia el medio y remató con
potencia, cerca del ángulo superior derecho de Abbondanzieri.
Así se planteaba el tramo inicial entre Argentina y Costa de Marfil. Los
africanos manejaban la pelota y le cerraban los espacios a la Selección,
que no tenía profundidad y, mucho menos, claridad en tres cuartos de cancha.
Poco faltaba para cumplir el primer cuarto de hora de juego cuando Argentina
dispuso de la primera ocasión de gol. Maxi Rodríguez encaró por derecha y
tiró un buen centro que Crespo a punto estuvo de conectar. De esa jugada
surgió el tiro de esquina y también la polémica: Ayala metió un
frentazo bárbaro tras el envío de Riquelme y el arquero Tizié no pudo
retener contra su palo derecho. La pelota cruzó apenas la línea, pero el
árbitro belga De Bleeckere no cobró lo que hubiese sido la apertura del
marcador.
Tan parejo y equilibrado como abierto, el partido estaba para cualquiera de
los dos. Aunque, es cierto, Argentina inclinaba la cancha lentamente contra
el arco marfileño. A los veinte, avisó de contraataque: Abbondanzieri sacó
rápido, Saviola se la dio a Riquelme y éste habilitó a Crespo. El nueve la
tocó al medio pero enseguida llegó el rechazo. Y tres minutos después, el
desahogo: Riquelme mandó un buen tiro libre desde la izquierda y, luego
de un entrevero entre Heinze y Sorin, Crespo encontró la pelota boyando y la
empujó. Argentina gritaba y se aliviaba.
Al contrario de lo que podía suponerse, la ventaja no le hizo bien a la
Selección. Porque al margen de un remate cruzado de Saviola desde afuera del
área que no ocasionó mayor peligro, Costa de Marfil salió con todo en
busca del empate. Kalou lo tuvo primero tras una pared con Keita, pero su
disparo se fue cerca. Después fue el turno de Drogba, quien quedó mano a
mano con Abbondanzieri: Ayala, de gran nivel, cerró justo y evitó la caída.
Y la más clara estuvo en la cabeza Keita, quien quedó solo ante el Pato y no
supo definir.
Los africanos jugaban mejor y dominaban ampliamente. Pero tanto fallaron en
la puntada final que recibieron un duro golpe antes de que terminara el
primer tiempo. A ocho minutos del descanso, Riquelme metió un gran pase en
cortada desde la izquierda hacia el medio y por atrás de todos apareció
Saviola. El Conejito ganó en velocidad y, ya adentro del área, punteó con
derecha ante la salida de Tizié para provocar el delirio argentino
por segunda vez. De cara al entretiempo, Argentina era todo festejo y Costa
de Marfil, desazón.
La diferencia había le había dado tranquilidad a la Selección y quedó
claro en el arranque de la segunda etapa. Con el toque y la movilidad como
bandera, el equipo de Pekerman tomó de arrebato las riendas del partido y
bloqueó la salida un conjunto de Costa de Marfil que ya no tenía la claridad
del primer tiempo. A los dos minutos, Saviola demostró que estaba en su día,
hilvanó una gran jugada y habilitó aún mejor a Maxi Rodríguez. El volante se
demoró y la tiró por arriba.
El juego estaba planteado en el medio, donde Argentina manejaba los hilos
y soportaba sin sobresaltos la presión que proponían los africanos. En una
chance aislada, Riquelme estuvo muy cerca de aumentar, de tiro libre. Y
llegando al promedio de la parte final, Pekerman decidió hacer el primer
cambio. Rodrigo Palacio ingresó en lugar de Crespo para darle más vértigo al
ataque y, claro está, con la intención de liquidar definitivamente la
historia.
El trámite atravesaba un bache importante. Por un lado, Argentina controlaba
las instancias sin apuro y le daba forma a una victoria más que importante,
forjada más que nada a raíz del gran poder de contundencia. Mientras
tanto, los marfileños buscaban la forma de acercarse a Abbondanzieri. Con
poco éxito a excepción de algunas apariciones en cuentagotas. Drogba tuvo en
sus pies dos oportunidades interesantes, pero le falló la puntería, al igual
que a Kone. Como podían, los Elefantes iban por un milagro que cada vez
veían más lejano.
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