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16 Junio 2006 |
11:51 |
GRUPO C
Fue un afano
Argentina bailó y goleó a Serbia y Montenegro 6 a 0 con un
fútbol lujoso. El Conejo Saviola estuvo endemoniado y salió ovacionado
reemplazado por Tevez. Participó en los tres primeros goles (dos de Maxi y
uno de Cambiasso), el segundo fue uno de los más lindos del Mundial. En la
segunda mitad, Messi entró por Maxi Rodríguez, y enseguida le puso la
asistencia a Crespo para el cuarto. Carlitos clavó el quinto. Y la Pulga el
sexto. Belleza.
Ganar
y gustar. Esos eran los dos objetivos de la Selección para el
compromiso ante Serbia y Montenegro. Pekerman no quedó conforme con el
funcionamiento del mediocampo en la victoria ante Costa de Marfil y
metió un cambio: Lucho González por Cambiasso. Con esa modificación, el
técnico argentino buscaba darle más dinámica a la zona de
volantes, intentando que el jugador del Porto fuera un buen socio para
Riquelme en la creación, tal como lo hizo en el brillante primer tiempo
frente a Brasil, en el Monumental, por Eliminatorias.
Con ese panorama, el equipo albiceleste quería sumar tres puntos vitales
para lograr el pase a octavos de final. Claro que el rival de turno
también tenía la necesidad de ganar. Tras la derrota 1-0 frente a
Holanda, los dirigidos por Petkovic intentaban hacerse fuertes en
defensa y retomar el nivel logrado en la clasificación para el
Mundial, en la que finalizaron invictos en 10 partidos y recibieron sólo
un gol.
Arrancaron con todo, sin estudiarse. Argentina aprovechaba las
proyecciones de Sorin por la izquierda e intentaba ganar de arriba, pero
la defensa serbia devolvía todo de cabeza. En ataque, los europeos
presionaban y Milosevic se tiraba unos metros más atrás para colaborar
con la línea de volantes.
Argentina pegó en la primera llegada clara. El negocio estaba por
la izquierda, y Saviola se dio cuenta: recibió luego de una buena jugada
colectiva, encaró a Gavrancic, tocó hacia el centro y encontró el pique
de Maxi Rodríguez al vacío. El volante del Atlético de Madrid anticipó
el cruce de Dudic y la punteó de derecha, poniéndola en el segundo palo,
lejos del alcance del arquero Jevric. Un gol tranquilizador y
fundamental para pisar fuerte en el partido.
Trató de reaccionar Serbia y Montenegro, pero la Selección estaba firme
en defensa. La complicación, sin embargo, estaba en el centro de la
cancha, ya que Lucho González sintió una molestia en la pierna
izquierda y tuvo que ser reemplazado por Cambiasso. Increíble pero real:
el cambio del que tanto se habló toda la semana duró 16 minutos.
Contrario a lo que indicaba la lógica, el recién ingresado se ubicó en
la derecha, mientras que Rodríguez conservó su posición por la otra
banda. Seguramente la intención de Pekerman fue seguir apostando por el
desequilibrio de Maxi en un sector que había dado muchos
dividendos.
Llegando a la mitad de la etapa inicial, el trámite era decididamente
parejo. Los europeos no sabían cómo llegar al área argentina, y la
Selección había perdido la manija del partido. Riquelme no aparecía,
entonces Crespo y Saviola quedaban desconectados del resto del equipo.
Sin embargo, alcanzó con enchufarse 30 segundos para marcar la
diferencia. Se dejó de lado el toque intrascendente en mitad de cancha y
Saviola (por lejos, el mejor de la cancha) armó una jugada bárbara
pasando de izquierda a derecha. Combinó con Sorin y Riquelme hasta
encontrar a Cambiasso. Cuchu tocó para Crespo, quien arrastró la
marca y, de taco, la dejó servida para que el volante del Inter
definiera con potencia. Golazo. Era 2-0 y la clasificación estaba
al alcance de la mano.
Pudo haber aumentado la Selección a los 36, cuando Saviola encontró un
hueco y dejó solo a Crespo, quien picó en la misma línea que los
defensores serbios. Equivocadamente, el asistente levantó la bandera y
el árbitro Rosetti anuló la jugada por offside. Fue un grave error que
privó a Argentina del tercero, ya que el delantero del Chelsea resolvía
la acción con categoría, tocando ante la salida de Jevric.
No hubo que lamentar esa mala decisión arbitral, porque Saviola seguía
demostrando que estaba en su noche. Robó la pelota por la derecha, dejó
en el camino a Dudic y le pegó buscando el segundo palo. Jevric tapó
pero el oportunista de Maxi Rodríguez apareció en el segundo palo y
definió ante el cruce de Duljaj. Argentina se ponía 3-0 arriba, en un
primer tiempo para ilusionarse.
Serbia y Montenegro volvió decidido a cambiar la historia en el comienzo
del complemento. Antes del minuto, Milosevic probó desde afuera y obligó
al esfuerzo de Abbondanzieri, quien volvió a mostrarse seguro y la mandó
al córner. Los europeos salieron a quemar naves (Petkovic puso a
Ergic por Nadj y Ljuboja por Koroman), así que la mesa estaba servida
para que Argentina lo liquidara de contra. Riquelme tenía más espacio
para moverse y parecía que de sus pies iba a llegar en cualquier momento
la habilitación para que la Selección aumentara.
Pekerman movió el banco cerca del cuarto de hora. Sacó a Saviola, de
soberbia actuación, y puso en su lugar a Tevez. El hombre del
Corinthians entró y enseguida dejó en claro que se moría por
demostrar todo lo que puede dar: en su primer contacto con la pelota
eludió a tres rivales y descargó con categoría por la izquierda.
La libertad de Riquelme y la frescura de Tevez eran un problema para los
serbios. Encima, los balcánicos se quedaron con uno menos a los 20,
cuando Kezman vio la roja por entrarle duro a Mascherano. Serbia y
Montenegro ya no presionaba y en Argentina había muchos puntos altos en
cuanto al rendimiento (Abbondanzieri, Burdisso, Sorin, Maxi Rodríguez).
Sólo un milagro podía torcer el rumbo del partido.
La espera terminó cuando el reloj marcaba 39 del segundo. Pekerman llamó
a Messi y el crack del Barcelona saltó a la cancha. Tres minutos más
tarde estaba desbordando por la izquierda y mandando un centro rasante
para que Crespo la empujara sobre la línea. Una alegría bárbara para
el juvenil, que recibió el agradecimiento del goleador, el abrazo
del resto de sus compañeros y la ovación de todo el estadio.
4-0, pero había más. Tevez se mandó por la izquierda, tiró un
caño, trabó con Duljaj y se llevó la pelota de puro guapo. El último
obstáculo era el arquero, algo que no inquietó al Apache, quien
definió al segundo palo y le puso la frutilla al postre.
¿Listo? No, faltaba el gol de Messi. Tevez combinó con Crespo y la puso
en cortada para que el chico del Barcelona cruzara el derechazo y
sellara el 6-0 definitivo. El triunfo categórico estaba consumado.
El árbitro Rosetti marcó el final y la Selección gritó bien fuerte una
victoria bárbara, en la que mostró su mejor cara y llenó de goles a un
equipo cuyo estandarte es la defensa. De los dos objetivos planteados a
priori (ganar y gustar), Argentina cumplió tres: ganó, gustó y goleó.
Una actuación inolvidable.
URL:
http://www.ole.clarin.com/jsp/v4/pagina.jsp?pagId=1213122&fecha=20060611
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