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JUAN
JOSÉ ANAUT / 22
Octubre 2006 |
LAS GANAS Y EL ACIERTO BLANCO DESTROZARON
A LOS DE RIJKAARD
El hambre del Madrid devora el toque del Barça
El Real Madrid volvió por sus fueros. Y no pudo elegir
mejor día que ante su eterno rival: el Barcelona. Los de Capello sacaron el
máximo rendimiento a sus virtudes (trabajo defensivo y pegada) y pudieron
golear a un líder desconocido. Raúl y Van Nistelrooy sellaron con sus goles
el brillante triunfo blanco, pero ambos pudieron ampliar su producción
goleadora de no toparse con los palos. En el Barcelona, que sólo tuvo unos
minutos de buen fútbol en la primera parte, destacó la figura de Messi, que
puso el corazón en un puño a la afición blanca, pero no concretó con éxito
sus constantes slaloms.
El encuentro pronto se puso de cara para los de Capello.
Un enorme centro de Sergio Ramos desde la derecha lo puso en la escuadra de
Valdés Raúl con un espléndido cabezazo. El Bernabéu se venía abajo con el
primer golazo de su equipo. El Madrid firmaba el comienzo soñado, pero no se
conformó y sus gladiadores se merendaron literalmente al Barcelona.
Rijkaard, que se la había jugado poniendo a un tridente de jugones en la
medular (Deco, Iniesta y Xavi) sin el apoyo de un escudero como Márquez,
Motta o Edmilson, veía cómo su planteamiento se venía abajo ante las mayores
ganas de los madridistas, que destrozaban su entramado técnico con presión y
cuando no había más remedio, con faltas.
Ronaldinho no entraba en juego, Xavi e Iniesta estaban
desaparecidos y Deco se perdía en pases erróneos. Sólo Messi ofrecía cierta
resistencia a un Madrid que de la mano de Guti y Robinho superaba con
comodidad al campeón de Europa. Y con este panorama los blancos pudieron
‘matar’ el partido. El brasileño se fue de Zambrotta y le puso en bandeja el
segundo a Raúl, que enganchó bien el remate, pero lo estrelló en el
larguero. Minutos después el canarinho lo intentaba en semifallo y obligaba
a Valdés a volar para evitar el tanto. Los incondicionales del Bernabéu no
daban crédito a lo que estaban viendo y se rompían las manos aplaudiendo. Ni
la incesante lluvia aplacaba la euforia blanca.
Messi dirige los mejores momentos
azulgranas
Otra contra de Robinho dejó a
Van Nistelrooy en un mano a mano con Valdés, que salvó perfectamente sin
cometer penalti. El Madrid era un vendaval que, de repente, desapareció.
Nadie se lo imaginaba, pero entonces surgió la figura de Messi, que
equilibró fuerzas y le dio la vuelta a la situación. Primero se fue de
Roberto Carlos y Cannavaro dentro del área y le puso en bandeja el empate a
Gudjohnsen, que disparó fuera incomprensiblemente. Luego recibió un pase
dentro del área de Iniesta, pero el argentino la mandó rozando el larguero.
Posteriormente, hizo una pared con Ronaldinho, que le devolvió el balón de
cabeza, se plantó trastabillado ante Casillas, al que arrebató el balón,
pero sólo pudo dársela a Deco para que la mandara a las nubes. El Madrid
había reculado y el empate parecía seguro.
Sin embargo, no llegó. Los blancos resistieron como
pudieron hasta el descanso. Ni siquiera una falta lanzada por Ronaldinho
rozando la cruceta alteró esa situación. Y ese descanso fue reparador para
los de Capello, ya que volvieron del vestuario dispuestos a rematar la faena
y lo lograron. Van Nistelrooy pudo hacerlo a los dos minutos de la
reanudación, pero se topó con Valdés. No fallaría minutos después en una
contra magníficamente sacada por Guti, que no se precipitó, giró sobre sí
mismo y se la dio a Robinho que entró por la autopista que existía en la
banda derecha y le puso un regalo al holandés que aprovechó la mala salida
de Valdés para marcar a puerta vacía. Los blancos se ponían 2-0 y acababan
con el Barça, que parecía rendirse con mucho tiempo por delante.
Van Nistelrooy acarició el golazo del
año
Van Nistelrooy se encontraba muy a gusto y pudo lograr el golazo de la
temporada picando desde la frontal un balón que repelió la cruceta de
Valdés. El estadio estaba como loco, disfrutaba cada toque y veía como el
Barcelona, huérfano de Ronaldinho, se hundía a los pies de su equipo. Otra
vez el holandés pudo hacer el tercero en otro pase de Guti que el delantero
estrelló contra el cuerpo de Valdés. Qué partidazo el de Gutiérrez, que
llama con fuerza a la puerta de Luis.
El Real Madrid, con el encuentro sentenciado, se dejó ir
buscando una contra que rematara definitivamente el encuentro. Rijkaard hizo
cambios sin éxito, pero quedó claro que Saviola puede aportar mucho más que
Gudjohnsen, ya que en los pocos minutos que estuvo se entendió bastante
mejor con Messi y llevó mucho más peligro. No se atrevió el técnico holandés
a sentar a Ronaldinho, desaparecido en la mayor parte de fases del
encuentro, y al final acabó ralentizando el juego de su equipo y
perjudicándolo más que otra cosa. De ello se benefició el Madrid, que
demostró que cuando existen ganas de vencer, de morder y hay hambre de
triunfos se pueden suplir las carencias y vencer a un conjunto que se sentía
superior. Eso, y una tremenda pegada pese a la ausencia de Ronaldo.
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